
Hoy las palabras huyen de mí, y por ganas que tengo de desahogar el sufrimiento, sé que no podré. Toca doler. Toca envidiar a la gente al ver sonreír. Y pensar en el tiempo en el que fui feliz, y el momento que todo acabó. No por siempre, ahora sí. Queda esperar que vuelvan las palabras a mí. Y buscar entre el jardín un recuerdo de ayer. Si pudiera una vez más verte sonreír, o mirarte en la ventana mientras marcha el tren. Si un solo suspiro fuera para mí, y me acompañase, cuando no va bien, cuando mis puertas arañas, noche gris, y tu brisa helada sólo aporta hiel. Un vano recuerdo aún permanente, desgarre mis miedos y viva en mi mente, hasta que aquel, amor que tanto me ha dado, rompa cadenas y duerma a mi lado.
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